
La cebolla pertenece a una familia de hermosas plantas florales al igual que el ajo dorado, el ajo blanco y el ajo ornamental. No obstante, la parte de la planta que la mayor parte de personas del mundo reconocen y buscan es su tallo subterráneo formado por capas de hojas carnosas llamado bulbo.
Esta una hortaliza de usos tan variados que sirve casi para todo: sopas, ensaladas, platos fuertes y también como medicina. Aunque tiene poco valor energético, debido a que contiene nutrientes como el calcio, magnesio, potasio, fósforo, hierro y el ácido ascórbico (vitamina C), la cebolla ha sido considerada valiosa para la salud mundial. Sin embargo, históricamente hablando, lo que más se ha valorado son sus propiedades medicinales. Incluso hoy día se utiliza para combatir numerosas enfermedades, entre ellas el resfriado, la laringitis, la aterosclerosis, ciertos padecimientos coronarios, la diabetes y el asma. Además, se dice que tiene efectos antisépticos, anticolesterol, antiinflamatorios, antitrombóticos y anticancerígenos.
Su consumo disminuye las alergias producidas por el polen y, según estudios realizados, favorece el desarrollo del tejido óseo, disminuyendo en un 20% la osteoporosis. Es un buen desinfectante a nivel local en casos de mordeduras o picaduras de insectos o en infestaciones de piojos o garrapatas y ayuda en el tratamiento de la caspa, estimula los folículos pilosos dando fuerza y brillo al cabello.
Hay cebollas de diversos colores: blancas, amarillas, cafés, verdes, rojas y moradas. Pueden usarse crudas, guisadas, enlatadas, en vinagre, deshidratadas, en polvo, en hojuelas o en cubitos. ¿No le parece que la cebolla es una hortaliza maravillosa, aunque nos haga llorar un poco?
Sin embargo, el consumo excesivo de cebolla cruda provoca un desagradable olor que queda impregnado en la persona que la consume, el olor puede permanecer varias horas en la boca del individuo. Además, se sabe que el consumir cebolla con limón y sal, aumentan dicho aroma.